Todo cambia

Don Abraham se encontraba sentado en la Plaza Patria esperando a Lupita, su nieta. Ella llegó acalorada ya que las tardes hidrocálidas se intensifican en esa época del año. Al verlo sentado en unas escalinatas justo debajo de una columna con una escultura de uno de nuestros símbolos patrios mexicanos platicando con otra persona, no pudo más que mover la cabeza. “De nuevo, conociendo su país” pensó para sus adentros. Desde pequeña, esa era la respuesta que recibía al preguntar el por qué charlaba con extraños… “cuando conoces a las personas, puedes conocer nuestro país. Es tan diverso como cada una de ellas” solía decirle acompañado de una sonrisa afable y un guiño.

“Pues con las noticias de que el hotel que estaba buscando cambio de dueño y de decoración, de tarifa…ayyyy, abuelito, todo cambia!!!” soltó esta última frase con desdén y molestia.

Pero por supuesto que todo cambia, Lupita- contestó acompañando su respuesta con un ademán de manos.

Ven siéntate aquí junto a mí y te contaré como hasta las grandes construcciones cambian con el tiempo. Con más cansancio que ganas, se dejó caer pesadamente junto a él y a su nuevo “amigo”.

“Frente a nosotros –comenzó- puedes ver la Catedral de esta ciudad. Dime ¿Cuantas torres campanario ves? Volteando a ver la construcción, Lupita le contesta entre un suspiro y una expresión de ojos cansados: Dos. Seguro han estado ahí por siempre. ¿Qué tiene que ver eso con el hotel?

“Pues lo que no sabías es que hasta hace un tiempo, solo había una.”

Don Abraham comenzó su lección con la voz más solemne que se haya oído: Las torres campanario fueron elementos arquitectónicos característicos de los siglos XVII y XVIII. Se suele edificar dos torres al frente del edificio formando parte de la fachada principal. Sin embargo hay incontables construcciones que sólo tenían una como el caso de este templo.

La torre norte se inició en 1763 y fue bendecida en 1764. Removieron una espadaña que se encontraba en el sitio ahora donde se levanta la torre sur. Ésta se construyó entre 1943 y 1946. Se dice que hay una campana conocida como “La Ferrocarrilera” llamada así porque fue fundida en los talleres del ferrocarril de esta ciudad.

Lupita se sorprendía de la habilidad de su abuelo para saber “este tipo de cosas” y se atrevió a preguntarle…”¿¿¿Cómo sabes eso???

“Ah, incrédula me saliste” De acuerdo, que bueno que dudes de lo que alguien te dice, así que solo te pediré que gugles…woggles…googles… bueno, que busques en el internet una foto antigua de la Catedral de la Asunción en Aguascalientes de un tal William H. Jackson.

Ves, mija…Todo puede cambiar, hasta nuestros monumentos históricos. Vamos a conseguir una habitación para quedarnos esta noche y aprovecho para contarte una leyenda que acabo de escuchar referente a este edificio.

¿Me acompañas?

Bibliografía:

Astorga Vega, Carlos y Rodríguez Parga, Juan Luis. Historia de la arquitectura en México: época virreinal. México: UNAM, Facultad de Estudios Profesionales Acatlán, 2009.

Toussaint, Manuel. Arte Colonial. México: Imprenta Universitaria, 1962.

http://www.photographium.com/cathedral-of-aguascalientes-mexico-1880-1897/

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